4 sept. 2010


Molicie en las Casas de Té

Comunistas de la nueva hornada

repiten con la tenacidad ambigua

que les permite la altiplanicie

de su idioma que sobre todo los viejos

concurren a sentarse y amarillear

sus barbas al sol

en las Casas de Té que en Janchow

florecen más que el loto.

Para esos viejos el tiempo está aferrado

a la tierra y la herramienta;

al arma y al estómago todavía

no empalagado de ochocientos millones

que se reproducen.

Hay otros que entrelazan líneas imaginarias

en la palma de la mano, trazando

los enrevesados caracteres de la vieja

escritura, o destejen de la historia

las circunflexiones de alguna anacleta

que ha adquirido una nueva faz ideológica,

o desentierran un verso del tiesto del tiempo

y lo contemplan como el iris de un cristal.



Los kampús* barajan cifras, citas,

referencias a la cultura ida sacralizadas

por el Partido, pero no por eso

parecen menos afectos a los números

y el suapán**.



El viejo de barba como jugo de tabaco,

que bebe su té de Lonyín de quince fenes,

tiene un rostro como los budas

tatuados en la piedra y su urgencia

no es la del tiempo vacío que se les avecina.

* Kampú es la palabra con que se designaba al miembro del Partido que además cobraba un sueldo por ser funcionario del Estado.

** Suapán es el nombre del ábaco chino usado tradicionalmente para todo tipo de cálculos, cuyo manejo se enseña en las escuelas junto con la lectoescritura y que algunos llegan a manejar con una velocidad digna de una calculadora electrónica. Antes del impacto tecnológico, era la máquina de calcular usada en todos los negocios.


LECTURA DEL POEMA